Por Vicente Nario.-
Casi sin querer, el equipo naranja tuvo su propio receso invernal, dos semanas sin futbol, es mucho tiempo, y en ese tiempo pasaron cosas, o al menos pude recordar algo, casi tan pintoresco como el propio juego naranja.-
Hace ya un tiempo que mi amigo Fidel Comiso, me había hablado de las peripecias, aventuras, desventuras y vivencias de un grupo de corajudos, que de vez en cuando hacen honor al deporte más popular y en la mayoría del resto del tiempo, maltratan al juego más lindo del planeta y cuando no a los rivales contrarios, pero siempre con la misma premisa, tratar de superarse año tras año, caí en la tentación y una vez los fuí a ver.-
Pero con Kon Kawa me pasó algo similar a cuando conocí Río de janeiro, la primer impresión fué y ésto es Río? por ésta ciudad llena de contrastes como ninguna, con una edificación ochentosa, con sus calles impregnadas de olores y sabores a comidas particulares y extraños sonidos puede generar tanto turismo?, luego a mi regreso, el tiempo se encargo de atraparme, y volví una vez, y otra vez y estoy pronto a volver y creo que no hay cidudad como Río de janeiro, su avenida del Atlantico, sus ferias, sus shopings, su acento, sus playas, etc. etc.
Con el negriorange igual, su fútbol en cámara lenta, su estilo romántico, su protesta permanente, la imaginación para plantear un partido, y sus groseros e infantiles errores, parecía que me hacían perder el tiempo, pero es así, sus mágicos relatos, su literatura fantástica, sus ganas, su pasión yel surrealismo escénico me atraparon, como a uno más y eso que lo único que hago es ir a verlos jugar.
Con el virus infectado en la sangre te pasan cosas mágicas, como las que les voy a contar, el invierno asomaba en la ciudad, hacía frio como para tomar un buen café antes de iniciar la jornada laboral, fué así que un jueves temprano, antes de ir a mi lugar habitual de trabajo, me tomé mi tiempo para un buen café y ver los titulares del diario, por lo que paré en el remodelado café Victoria, allí en la esquina de Pte. Roca y San Lorenzo.
Acomodado ya y presto a tomar mi desayuno, es que le pido, con gentileza, a mi vecino de mesa si podía prestarme el diario de la ciudad (pésimo periódico, pero con noticias locales al fin), quien con igual gentileza se levanta apenas de su silla para acercarme el diario, pero reteniendo para si el suplemento deportivo, y me dice "después te doy éste suplemento, pero quiero revisar cómo están mis amigos de mi ex equipo ahora que sale la información del torneo interno de Provincial".
Me quedé mirándolo, algo me llamaba la atención de él y no me daba cuenta, particularmente de su rostro, pero no podía desentrañarlo, "ok. no hay problemas" le respondí. Pero la intriga me llevó a pregunarle, a que se dedicaba y su respuestá fué un "soy
médico, y de vez en cuando trato de jugar al fútbol, pero ya cambié de categoría, ya no me puedo exponer tanto, después de un accidente deportivo corro y me expongo un poco menos, mi mujer no me deja tanto", me dijo mientras me entregaba el suplemento deportivo, se levantaba pagaba su cuenta y al retirarse me saludaba gentilmente.
médico, y de vez en cuando trato de jugar al fútbol, pero ya cambié de categoría, ya no me puedo exponer tanto, después de un accidente deportivo corro y me expongo un poco menos, mi mujer no me deja tanto", me dijo mientras me entregaba el suplemento deportivo, se levantaba pagaba su cuenta y al retirarse me saludaba gentilmente.Ese corto diálogo me generaba algo, según un amigo yo soy como una computadora que mientras hago otra cosa, continúa buscando en su memoría interna, pero ésta vez no daban los pocos datos, la imagen no daba con el mínimo diálogo entablado, terminé el café, y me fuí a trabajar.-
Fué a la noche que pude darme cuenta, si ! era él, por fin había descubierto su identidad,y las imágenes vinieron a mi, tan noble en la cancha como en su profesión, veloz, aguerrido certero en la marca y en sus pases, sin duda hubiera brillado más en otro equipo, pero en Kon Kawa expuso al máximo su nobleza, demostrando al mundo -cómo su fuera digno discípulo de Valdano- que en el fútbol, se pude conjugar muchos verbos y adjetivos calificativos, que el fútbol puede contraer matrimonio con la profesión elegida.
Tal era su actitud que hasta brindó su propio rostro con la finalidad de tratar de evitar que el rival culminara una excelente jugada en gol, pero sin duda éstaba tan compromedito con ese realismo mágico que era Kon Kawa, que estampó su sello en una jugada que quedó grabada entre aquellas que pasarán a la inmortalidad naranja.
El partido era lo de menos, el naranja era goleado una vez más en la cancha número dos, pero en la nro. 1 se generó una batalla campal con agresiones físicas dignas de una pelea callejera, fué tal la repartija de piñas que parecía que la cosa pasaría a mayores, ya que hubo quien agredido quedó tendido en el suelo, fué justó ahí cuando dío la impresión que el árbitro del encuentro que disputaba el naranja lo pararía, el hombre de negro hizo un movimiento de cintura que lo desconcentró, pensó él que suspendía el encuentro para ir a proteger a su árbitro colega, pero se comió el amague, el referí continúo el partido del naranja, justo en un contragolpe por la punta izquierda, esa que él marcaba con tanto empeño pero ya era tarde su intstinto había mandado la orden y la empezó a ejecutar rtirándose el campo de juego para ir a atender al hombre caído, fué tal que hasta lo desconcertó al delantero tanto que paró su rápido andar para entender lo que estaba haciendo el player naranja, lo miró, volvío su mirada a sus compañeros y al trote continuó su andar hacia el arco naranja y estampó casi sin querer queriendo sólo muy sólo el gol, que no se atrevió a gritar de modo de rendirle homenaje a quien había renunciado al juego para cumplir con su juramento hipocrático
Como médico, como integrante de la cruz roja en sus años mozos, nos enseñó que hasta jugando al fútbol él continúaba siendo médico, tanto que en otro encuentro el golpe recibido lo había dejado KO, y al caer fué tal que se fracturó buena parte de los huesos del rostro.-
Me acordé. Su estirpe en el café no era la misma que en la cancha, pero sin duda, estampó su sello, su gracia y magia en el grupo naranja, fué entonces que descorche un buen vino merlot en roble, llené mi copa y brindé por él.-
Salud Kon Kawa.-
Vicente nario.-
Julio 2008

